La paz como concepto y como problema





Por: Sr. Héctor Domínguez, SDB*


Las modernas sociedades industriales en su devenir histórico han producido la sociedad de masa. Según Kornhauser existen tres niveles de relaciones sociales en esta sociedad: 1) relaciones altamente personales o primarias, como la familia, 2) relaciones intermedias como las comunidades locales, las asociaciones voluntarias y los grupos ocupacionales, y 3) relaciones que abarcan a toda la población: el Estado (Cfr. Kornhauser, 1969, p. 109). 

Debido a la atomización que engendra dicha clase de sociedad en las personas, aparecen grupos irregulares al margen de la ley, producto de las discontinuidades que se producen en el orden social. Situaciones como la guerra, con su proceso de la desintegración de las estructuras sociales, y como la depresión económica, con sus secuelas de desempleo, potencian diariamente el inconformismo y la indignación que trae como resultado la guerra.
Pero, ¿por qué hablar de guerra en un escrito que se supone debería reflexionar acerca de la paz? ¿Qué tipo de culpa albergan en su conciencia las personas que alimentan y provocan la guerra y las discontinuidades sociales? Acorde con estas preguntas, el objeto de esta reflexión es mostrar cómo el concepto de paz está vinculado al de guerra. 

Pero, ¿por qué hablar de guerra en un escrito que se supone debería reflexionar acerca de la paz? ¿Qué tipo de culpa albergan en su conciencia las personas que alimentan y provocan la guerra y las discontinuidades sociales? Acorde con estas preguntas, el objeto de esta reflexión es mostrar cómo el concepto de paz está vinculado al de guerra. Para ello, se presenta el concepto en su sentido lato y genuino, es decir, como ausencia de guerra; y se expone el concepto paz como problema que vincula en su reflexión a la guerra, concepto de paz que se relaciona con la manera de comprender el tipo o los tipos de culpas que acongojan al hombre que provoca una situación de guerra.

Comencemos por afirmar que la paz y su antítesis, la guerra, se desarrolla en un contexto determinado y en un espacio definido, a este espacio en los dominios actuales se le llama Estado. Es en los Estados donde se desarrollan las distintas actividades que originan la paz o la guerra. 

La paz como concepto se podría, aparentemente, resolver fácilmente si se la considera como fin, cese, conclusión, ausencia o negación de la guerra. Es decir, la paz como concepto es la ausencia de guerra. Así, la paz es definida positivamente como conjunto de acuerdos con los que dos grupos políticos cesan hostilidades, delimitan las consecuencias de la guerra y regulan sus relaciones futuras. La dificultad aparece cuando tratamos la paz como problema, esto es, cuando por paz se entiende la situación de ausencia de guerra y por guerra la condición carente de paz: donde hay guerra no hay paz, y viceversa.

Así pues, el concepto de paz presupone el concepto de guerra. Por eso, nos guste o no, seamos conscientes o no de ello, nuestra civilización no sería lo que es sin todas las guerras que han contribuido a formarla. Es por ello que el ser humano ha comenzado a aspirar a los bienes de la paz partiendo de los horrores de la guerra.

La guerra y la paz surgen de un acto político, esto es, de una decisión política. Cuando el “filosofo de la guerra” Clausewitz lanza su aforismo: la guerra es la política continuada por otros medios, está afirmando con ello que la guerra es una posibilidad latente en la vida y en el que hacer del ser humano. Podríamos también invertir la frase y decir que la política es la continuación de la guerra por otros medios. Esto quiere decir que la política es la que define la oposición paz-guerra. Por lo tanto, no existe un sujeto neutral, somos necesariamente el adversario de alguien y esta posición nos debería mantener siempre en estado de alerta para buscar los dispositivos y mecanismos para salir de la guerra. Entonces, es posible considerar que la paz parte de condiciones de apertura y responsabilidad que se tienen para con los otros. 

Uno de los mecanismos que se emplean en la sociedad contemporánea para la difusión de ideas que inciten al odio y al rechazo de un grupo étnico o cultural hacia otro, es el fomento de las creencias generalizadas. Estas creencias generalizadas, por lo general aparecen soportadas en dos tipos de creencias. (B. Tejerina, 2010, p. 39) Creencias normativas, pretenden el restablecimiento, la protección, la modificación, o la creación de nuevas normas sociales. Creencias valorativas, prevén una modificación de las concepciones referidas a la naturaleza, el lugar que ocupa en ella el hombre y lo deseable e indeseable en el campo del ambiente humano y de las interrelaciones humanas.

Fue precisamente esta estructura social y humana la que Jaspers enfrentó en la sociedad alemana después de la segunda guerra mundial; es decir, reconstruir la conciencia del pueblo alemán después de la barbarie que habían cometido sus líderes políticos. Pesaba sobre ellos una enorme conciencia de culpa por lo sucedido en su país. Cambiar tal estructura no fue tarea fácil; sin embargo, para comprender tal situación Jaspers desarrolló una tipología de cuatro conceptos de culpa: 1) la criminal, 2) la moral, 3) la metafísica, y 4) la política (Jaspers, 1998, p. 45). La culpa criminal, se debe a violaciones de leyes; la instancia para resolver estos asuntos es el tribunal que en un proceso judicial esclarece los
hechos, determina la culpabilidad de los involucrados y decide las sanciones. En el caso de la culpa moral es una instancia interna, la propia conciencia de la persona involucrada o la disputa amistosa entre hombres solidarios. En la culpa metafísica que se basa en la carencia de la solidaridad absoluta con el hombre en tanto hombre, la instancia juzgadora es Dios (Jaspers, 1998, P.98). Tanto la culpa criminal como la moral o la metafísica son a título personal, es decir, se refiere a personas individuales, por otro lado la culpa política se refiere a la responsabilidad colectiva de los ciudadanos por los actos que el Estado comete
en nombre de la nación. La tipología de culpas expuesta por Jaspers, se puede considerar como prototipo o mecanismo de reconciliación ad intra y ad extra que finalmente contribuyen a la paz. Paz que haga posible la convivencia entre los seres humanos, donde
se garantice la dignidad y el respeto al otro, que se asuma la diferencia como algo propio, como responsabilidad para con los demás.

En consecuencia, podemos concluir que la paz y la guerra son realidades constitutivas de la condición humana, no podemos evadirlas, por el contrario, debemos educar a nuestros jóvenes para construir la paz. 

Por otro lado, en nuestra sociedad dependemos de la producción tecnológica y científica, las cuales en determinadas circunstancias pueden estar al servicio de la guerra o de la paz. Esto nos impulsa a considerar que cualquier acción realizada por el hombre en su quehacer cotidiano puede conducir a la paz o a la guerra.


*Salesiano Coadjutor de la inspectoría Colombia-Medellin, Licenciado en Filosofía de la Universidad Pontificia Bolivariana, Politólogo de la Pontificia Universidad Javeriana, Mg. Filosofía Política de la Universidad Pontificia Bolivarianay Candidato a Doctor en Filosofía Política de la misma universidad.

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